Sucre al día

Recuperando nuestro centro histórico

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Una duda inquietaba a los alumnos en el aula A2-003 de la Universidad Metropolitana. “¿Qué quieren?” era la pregunta dirigida a los vecinos del Centro Histórico de Petare, tras la presentación de la propuesta para el servicio comunitario que fue acompañada por sus intervenciones. Expresar, no la respuesta, sino la pregunta de los estudiantes, permite arrojar luz sobre una manera de abordar la rehabilitación de los centros históricos en el contexto de las dinámicas urbanas del siglo XXI.

Es evidente que existe una estrecha relación entre los referentes construidos de los espacios y la memoria del entorno. Pero, ¿cómo se construye esa relación? Los espacios se definen a partir de la interpretación cotidiana por parte del actor urbano, a través de la experiencia individual y de la apropiación colectiva. Se trata del nivel de la praxis.FOTO

En un segundo nivel, la experiencia en el espacio urbano se recrea en el recuerdo, en la memoria, e incluso en el ensueño. Se trata de dos contextos análogos, no idénticos, que hacen referencia al mismo espacio. Y son análogos por la misma razón que la referencia al ensueño no es un recurso poético, sino un ejercicio práctico: del mismo modo que reaccionamos con desconcierto luego de dormir en un lugar poco habitual y despertar, sin reconocer el entorno de costumbre, el actor urbano nota la brecha que separa los espacios del recuerdo de sus equivalentes cotidianos.

Al entorno urbano inmediato le hemos otorgado mayor plasticidad, porque nos hemos habituado a su transformación constante. Pero la memoria es más rígida. En su Poética del espacio, Gaston Bachelard advierte que recordar no es remontarnos a un momento dado del tiempo, sino a un lugar en el espacio; la reconstrucción de ese lugar en la memoria persiste, incluso tras la desaparición de su expresión material.

Nos encontramos ante un enfoque sobre el que resulta interesante reflexionar. ¿Y si entendemos la rehabilitación de un centro histórico como la adopción de medidas que reduzcan la distancia entre el espacio imaginado y su referente material en el presente?

Para aproximarnos a la distancia que separa ambos entornos, el imaginado y el cotidiano, es necesario recurrir al generador del recuerdo: el actor local. Al trabajar desde los pequeños rincones de la ciudad, con aquellos para quienes los espacios públicos y las edificaciones guardan significado, es posible trazar un nuevo mapa urbano partiendo del recuerdo de las experiencias individuales, esas experiencias a través de las cuales cada ciudadano se apropia de su entorno.

En Petare ya no hay toros en la calle Miranda; ya no hay una vista del ferrocarril desde el callejón “Z”. Nunca habrá una correspondencia exacta entre la memoria y el contexto de referencia. Pero la rehabilitación es posible reconociendo la distancia entre el escenario de actuación diaria de la comunidad y el que se recrea individualmente a través del recuerdo. Este debe ser el objetivo: influir sobre la brecha que separa las dos dimensiones de Petare, la física de la imaginada.

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